La Reunión Era mi primera reunión con la Orden. Todavía estaba asimilando mi nueva condición después de Despertar cuando una invi...

La Reunión

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La Reunión


Era mi primera reunión con la Orden.

Todavía estaba asimilando mi nueva condición después de Despertar cuando una invitación me hizo darme cuenta de que pertenecía a algo más grande.

En el gran salón había multitud de personas con sus mejores galas. A algunos los reconocia pero a la mayoría no. 
Continua la Historia


Intimidado todavía por encontrarme rodeado por algunos de los más inteligentes y ricos personajes de Londres, me sorprendí al ver al célebre poeta William  Butler Yeats que se acercaba hacia mi con un sobre en la mano. Abralo cuando este a solas señor, me dijo antes de dar media vuelta y perderse entre la multitud. Emocionado de que tan renombrado personaje me conociera y azorado por el posible contenido de la carta no fui capaz de seguir con las conversaciones banales y me retiré en cuanto me fue posible.
Ya en la calle leí el contenido de la misiva. Era una invitación para el día siguiente en un restaurante de prestigio. No dormí en toda la noche preguntándome que me esperaría en semejante lugar y con tan distinguida compañía.
La reunión fue un tanto extraña pues además de Yeats había dos hombres con pinta de iniciados como yo. La reunión era para hacernos un encargo. Necesitaba discreción y gente de confianza para que le acompañasen a la mansión de Arthur Pellgraine, un caballero que pretendía ingresar en la Orden pasando directamente al círculo interno, algo sumamente inusual.

Quedamos en reunirnos la semana siguiente para la visita.

Mis compañeros iniciados y yo fuimos a intercambiar opiniones sobre el encargo y conocernos algo mejor ya que íbamos a trabajar juntos. Decidimos investigar a quienes había pertenecido la propiedad y si había ocurrido algo extraño en ella. 

La casa era de la familia desde hacía varias generaciones y el único incidente de interés era la muerte de Thomas Pellgraine, el abuelo del actual propietario.

Thomas era mago, o eso parecía según las notas. Era un experto en ocultismo y bastante conocido. 
El día de su muerte algo extraño pasó pues murió él, desmembrado, y varios de los criados.
Algo preocupados por lo k podíamos encontrarnos nos dedicamos a nuestros asuntos hasta que llegó el día de reunirnos con Yeats.

En la puerta de la propiedad pusimos al día a nuestro benefactor de lo que habíamos descubierto pero ya conocía esos detalles. El motivo de la visita era investigar algo que el Sr Pellgraine poseía en la mansión y decía le proporcionaría el acceso al círculo interior de la Orden.
Nos recibió un criado que nos acompañó hasta el comedor donde los esperaba Arthur con una copiosa cena. Hacia tiempo que no comía tan bien, desde la reunión con el Sr Yeats, por lo que perdí un poco el hilo de la conversación deleitandome ante semejante manjar.

Tras la cena nos llevó a la segunda planta donde estaba, todavía sellado, el despacho de Thomas Pellgraine. La gran variedad y cantidad de volúmenes ocultistas era lo que pretendía presentar como referente para entrar en la Orden.

También nos prestó el diario de su abuela, quien había muerto poco después de Thomas tras haber perdido la cabeza e ingresado en un sanatorio.

Antes de que uno de los criados derribara la pared que tapaba la puerta del despacho mi compañero el doctor procedió a investigar los ladrillos con las manos y dirigiéndose a Arthur, claramente un durmiente, recitó unas palabras para regocijo de nuestro anfitrión.  De camino hacia allí nos había contado que su abuela mandó cerrar la habitación pues todos los días volvía a aparecer la mancha de sangre dejada por su marido aún a pesar de limpiarla todos los días.

Paparruchas pensaba Arthur hasta que el criado derribó la pared y un olor a sangre fresca inundó nuestras narices. 

En el despacho había una gran mancha de sangre en el suelo, justo donde se decía que estaba.  Arthur se puso blanco mientras murmura - puta vieja, era verdad.  Mis compañeros entraron raudos en la habitación para rebuscar entre los libros que jalonaban las estanterías, ávidos de saber. 
Yo me arrodille junto al charco de sangre y cogiendo mi amuleto con la mano derecha toque con los dedos de la siniestra el charco de sangre. Entonando una plegaria al Altísimo busque la energía vital necesaria para comprobar que la sangre era fresca y de ser humano.  Muy extraño pues la puerta estaba tapiada y no había más entradas. 

Decidí probar otra cosa, escudriñar el mundo espiritual.  Al hacerlo descubrí que la celosía había sido rasgada en este lugar, quizás por una invocación.

Tras discutirlo con mis compañeros decidimos intentar un contrahechizo.  Hicimos salir al Sr Pellgraine y durante una hora entone las plegarias arcanas apoyado por los demás. 
Al finalizar todo parecía en orden por lo que  decidimos investigar los libros que habíamos encontrado y volver al cabo de unos días.

Benjamis Conrad


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